Ayer, viernes noche, en un bonito ático de un bonito hotel sevillano, con unas preciosísimas vistas de la Catedral, el puto pijo de las narices que me presentaron, estiradísimo, o sea, te lo juro, con pinta de torero pero con una falta de educación de antología (tanta colegio de curas y tanta universidad privada para nada), le hizo al borracho de su colega (ídem pero sin gomina) un comentario sobre la novia de éste, algo así como “que impertinente, cómo lo permites, está en la posición adecuada para darle un rodillazo”. A continuación, se giró hacia mí y me preguntó si yo no sería de aquellas que creen en la igualdad de hombres y mujeres. Y casi arde Troya.

Dejando aparte que creer se cree en Dios, en el Diablo o en los ovnis… es decir, en todo aquello que no sabemos si existe o no y en qué circunstancias y nos exige un acto de fe; que en la igualdad no se puede creer, porque está ahí, la vemos, no exige ese acto de fe.

Digo, dejando esto aparte, detecté (y digo detecté no porque lo haya descubierto yo antes que nadie, sino porque jamás había sido tan consciente de algo así) la causa del problema: la pava que tenía sentada al lado el jodido pijo, calladita y con una constante y correcta sonrisa en su boquita de piñón. Correcta sonrisa que se acentuaba un poquito más cuando su flamante-futuro-presunto-maltratador soltaba alguna de sus perlas.

Vamos a ver, bonita, si tu novio muestra semejante actitud violenta en una reunión de amigos, que se supone agradable y desenfadada, si no tiene vergüenza torera cuando está delante de gente que no conoce, si es capaz de bromear con darle un rodillazo a alguien a quien se supone que quiere, ten por seguro que, cuando estéis casados (con un poco de mala suerte antes), no va a pensarse dos veces la primera paliza que te merezcas.

Y yo, que ya me parecían de por sí unas soberanas gilipolleces aquello del teléfono y de la “miembra”, fui más consciente que nunca de que verdaderamente son una soberanas gilipolleces. Que conviviremos con esta lacra del machismo y la consiguiente violencia de género, en tanto existan mujeres que toleren ese tipo de comportamiento.