Se me olvidó que quería debía abandonarle. Se me olvidó porque desviaba su mirada hacia mi hombro, hacia el tirante rosa que casi se dejaba vencer por la gravedad. No puedo pensar si me mira el hombro. Y todos mis buenos propósitos… como si nunca los hubiera pensado. Dos veces.

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No ha sido más que un momento de debilidad. Pero es que mis momentos de debilidad han terminado provocando que la situación se me haga insoportable. A veces, me odio a por los arrebatos absurdos y compulsivos. Cinco. Esto está derivando en algo problemático y enfermizo. Se sabía. Quizás si me lo grabo en la frente a golpe de cincel, acabe por aprenderme la lección.