La oruga me pregunta, condescendiente, quién eres tú, y no sé qué contestarle. Porque tantos meses escondida en el disfraz equivocado han terminado por confudirme. Sin embargo, comienzo a menguar: los efectos del lado de la seta que me hizo crecer empiezan a desvanecerse. Y se me ha quedado grande el traje de mero entretenimiento. Ya no me sirve. Me preocupa quedarme desnuda.