Recordé su cumpleaños y no quise felicitarlo. Porque no lo iba a echar en falta y porque él no me felicitará a mi cuando llegue. Se lo cuento sin la más mínima acritud. Soy pura ataraxia. Y a la pregunta de porqué ahora, me encojo de hombros. En el fondo queda un poco de resentimiento, pero se me da fatal ser perversa. Quiero ser perversa.
Tiene la puta manía de hablar de romanticismo,
luces, desayunos, velas y zumos.
No sé si de verdad conoce su significado
o sólo es que ha aprendido que al pronunciarlo, voy.
Y no es que me lo crea.
Me pone tontorrona, no más,
pese a la certeza de que no habrá nada de eso.
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Y empiezo a cansarme
La inspiración de Lolita, revolucionando principios y prejuicios. Reflejando lo que pensaba que quería o debía ser. Superando la barrera de lo físico, se folló a la mente. Hay quien dice que con la persona equivocada, ella no lo cree y yo tampoco. Sin buscar de él más que su crecimiento personal, la experiencia y el placer. Esto es precisamente su descargo, el fruto de la necesidad de desterrar los remordimientos, la excusa que enarbola para limpiar su conciencia, si es que hubiera que limpiarla. Tampoco es tan obvio. Sólo si alguien pregunta o reprocha. Porque en el fondo piensa que no engañó a nadie: no lo hizo por los beneficios académicos, ni por rápidos ascensos profesionales ni por un piso en el mejor barrio de la ciudad. Sólo experiencia y placer.
Llevo dos días intentando prescindir de él. Digo intentando porque puede ser que pensarle durante las veinticuatro horas, de noche y de día, quizás no sea del todo prescindir.
Mi cuerpo aún no ha comenzado a repararse de los estragos que me ha causado. Han transcurrido cuarenta y ocho horas y la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y la temperatura de mi cuerpo todavía no han bajado al nivel normal, el de monóxido de carbono en mi sangre no ha disminuido a la mitad, y el nivel de oxígeno en la sangre no ha aumentado conforme a sus niveles habituales, como tendría que haberlo hecho. Además, mantengo las mismas probabilidades de sufrir un ataque al corazón que antes de dejar el vicio. Mi sentido del gusto y del olfato siguen recordándole. Su veneno no ha abandonado mi cuerpo. Como la nicotina, me provocaba una sensación placentera que hace que quiera más. Y su ausencia produce en mí un efecto depresivo al interferir con el flujo de información entre mis células nerviosas. Estoy irritable, inquieta y triste.
Si consigo superar esto, dejar de fumar va a ser coser y cantar.
Se me olvidó que quería debía abandonarle. Se me olvidó porque desviaba su mirada hacia mi hombro, hacia el tirante rosa que casi se dejaba vencer por la gravedad. No puedo pensar si me mira el hombro. Y todos mis buenos propósitos… como si nunca los hubiera pensado. Dos veces.
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No ha sido más que un momento de debilidad. Pero es que mis momentos de debilidad han terminado provocando que la situación se me haga insoportable. A veces, me odio a por los arrebatos absurdos y compulsivos. Cinco. Esto está derivando en algo problemático y enfermizo. Se sabía. Quizás si me lo grabo en la frente a golpe de cincel, acabe por aprenderme la lección.
... o sobre el desenlace de lo que nunca debió empezar
a: Lo que quiero es un final triste pero bonito, nostálgico, como de película. En plan ha sido bonito, siempre nos quedará París, lo nuestro no puede ser pero hemos pasado momentos buenos, etc. Lloran juntos y ya no pesa tanto ¿Es mucho pedir? Lo que me duele es la indiferencia.
m: Los finales siempre son dramáticos, los mires por donde los mires. También en Casablanca. Comienza una nueva amistad junto a otro nota y abandona, lo deja todo en el aire, con la ansiedad que eso supone y la imposibilidad de borrar las huellas del pasado, de hacerse fuerte para pasar página. Ese siempre nos quedará París es una cadena que arrastrarán eternamente. ¿Quieres tu eso? A veces es mejor apreciar los desprecios del otro para poner punto y final. Los puntos suspensivos sólo traen problemas.
La oruga me pregunta, condescendiente, quién eres tú, y no sé qué contestarle. Porque tantos meses escondida en el disfraz equivocado han terminado por confudirme. Sin embargo, comienzo a menguar: los efectos del lado de la seta que me hizo crecer empiezan a desvanecerse. Y se me ha quedado grande el traje de mero entretenimiento. Ya no me sirve. Me preocupa quedarme desnuda.
Se me antoja que sea lunes para mentir sobre mis planes. Para sorprender con mi llegada. Para contarle que bajo a la piscina. Para evitarle en la reunión, pero sin dejar de mirarle. Prohibido tocar. Para darle la espalda en el ascensor. Para no dejarle tomar la iniciativa. Para celebrar, de verdad, la fiesta pijama tantas veces simulada. Para despertarle antes de tiempo y aprovechar los minutos.